| Jordi
Cienfuegos (1973)
Nací en Santa Coloma de Gramanet, localidad en la que sólo
residí hasta los ocho meses de edad y en cuya iglesia fui
bautizado por un cura comunista que, poco después, durante
el período de transición que siguió a la
dictadura, abandonaría el sacerdocio para dedicarse por
entero a la política, llegando a ser alcalde. Ejerció
su cargo público con dedicación hasta el día
en que lo perdió en favor de una candidata socialista a
la que, en los últimos años, se dedicó a
hacerle la vida imposible, hasta que una cámara oculta
en el aparcamiento del Ayuntamiento le filmó para la posteridad
(y el telediario) en el momento en que grababa, llave en mano,
palabras obscenas sobre el coche de la alcaldesa. El hecho de
haber sido bautizado por semejante celebridad no dejó en
mi ninguna secuela importante, aunque es posible que influyese
en mi peculiar forma de entender más tarde tanto la religión
como la política. Aún así, aquel hecho lejano
supone el inicio de una serie de casualidades y absurdos que,
con los años, me ha llevado a decantarme por la literatura
en vez de haberlo hecho, por ejemplo, por la arqueología,
las matemáticas o la mecánica cuántica.
Escribo. Escribo porque sí (¿por qué no?),
de un modo compulsivo, por un afán inexplicable de ponerlo
todo en palabras, de traducir la vida en signos que después,
alineados sobre el papel en blanco, parecen el fruto de la obsesión
de un entomólogo que colecciona patitas de mosca. Pero,
¿no es fascinante que esas patitas de mosca tengan el poder
de transmitir tanta información?
La prosa me permite explicar historias, realidades ajenas o inventadas
para evadirme o entender mejor mi propia realidad. La poesía,
por el contrario, es más bien un trabajo de aproximación,
un vago intento de pautar el ritmo del alma a través del
ritmo de las palabras. Y a eso me dedico. Y el resto del tiempo,
vivo. Vivo la vida que no escribo, la que no cabe en textos. Una
vida que no obedece a reglas ortográficas ni signos de
puntuación. Una vida que se rige por afectos y defectos,
por pasiones y hastíos, por rutinas y milagros cotidianos,
esos destellos de maravilla al acecho que te cambian la vida siete
vidas al día, cada vida un poquito y poco a poco tu vida
va dejando de ser tuya (o por lo menos, ya no te pertenece en
exclusiva), y lo mejor de todo es el convencimiento de que se
nace de nuevo cada día y cada día hay cosas, miles
de cosas nuevas por contar, por vivir, por escribir (o no), miles
de cosas nuevas por compartir si tenemos o buscamos con quién.
Y con Pau, en este caso, comparto desde hace algunos años
esta parcela de utopía que se llama Sic Placitum y que
ahora, con nuevos y mejores medios, os invitamos a compartir con
nosotros.
Obra publicada
• Jordi Cienfuegos/Pau Waelder (1998) Cuadernos de Otoño,
Mallorca, Molí den Xina/Sic Placitum.
• Jordi Cienfuegos (1999) Làngel de la guarda
és un mim que es diu ombra, Barcelona, Ed. Columna.
• Jordi Cienfuegos (2001) Ojalá, Madrid, Ed.
Sial.
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