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Roto, roto, no; sólo un poco torcido
(Selección de poemas)
Manu Manzano



Búscame donde estalla el deseo,
cerca del pétalo consumido
a trizas de inhóspito reposo,
de única y salvaje carcajada.

 

 

Desfile de anacoretas
del alcohol
de nadie cavilando yugos
jurando que Dios existe
apenas
en las farolas
en los autobuses
y que ya no hay nadie
que invente tabúes
como globos
llenos del aire
de una muñeca hinchable.

 

 

EN LAS FAVELAS
(Mayo de 1990)

La muerte descrita con mala arcilla
con sabor a muro y a señora
que desnuda por la calle
va soñando la maldita infancia
y corre y corre mientras los niños
perecen cantando la tabla del siete.
Desde las ventanas mujeres
hacen apuestas sobre cuántos litros
de sangre por metro cuadrado
contará mañana el Hombre del Tiempo.


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Manu Manzano
Nuestro poeta reincidente se presentó a sí mismo en la anterior edición de esta página. Como no tenemos noticias de que haya cambiado de nombre y se ha prestado a seguir con nosotros, respetaremos el original texto. (Creo que quise decir texto original...)

Su padre quiso ponerle de nombre —quizá como premonición de su futuro carácter— Primitivo. No obstante, el tesón de la madre consiguió imponer uno menos estigmático (con perdón a todos los Primitivos del mundo; Primitivo es un nombre como otro cualquiera; Atanasio o Eufrasio, por ejemplo, también son nombres como otro cualquiera), uno común y corriente, uno que no sobresaliera sobre el resto y que, además, mira tú qué coincidencia, acabó siendo el mismo que el de su padre, el de su abuelo, el de su bisabuelo y el los dos tercios de los habitantes masculinos del pueblo de Aragón origen de la familia materna. Manuel. Le pusieron Manuel. Y acabaron llamándole Manolo cabeza bolo, Manolín, Manolico, Manolete como el torero que en paz descanse y en gloria esté, y Emmanuelle, canturreado con retintín al poco de estrenarse la película que arrastró a media población a Perpiñán.
Ha pasado por tantos trabajos —en la escala social todos han tenido una categoría equivalente a la que posee el pus en el organismo humano— que prefiere no contarlos (tocando el acordeón en el metro se lo pasó bastante bien). No colecciona nada, no juega al bádminton y no habla siete idiomas. Ha empezado varias carreras pero lo hizo en esa edad en que las hormonas están aún asaz inquietas y la cabeza en cosas substancialmente disímiles a los "imperativos categóricos absolutos" por un lado, y a los Bosquimanos por otro. Últimamente ha ejercido de editor y de negro literario hasta que ha decidido lanzarse al salvaje mundo editorial con un original propio bajo el brazo pero firmado con seudónimo, por si acaso.
Manuel Langostillo Zamburiña (seudónimo de Manuel Manzano), en contra de sus principios, ha puesto una vela a una virgen milagrera para que sus libros se conviertan en sonados bum de ventas y después se ha puesto a darle al magín por si no resultan serlo. Mientras tanto, sigue dando sablazos a conocidos, amigos y familiares (por este orden). Si desean algún tipo de aclaración sobre los poemas contenidos en estas páginas o simplemente cagarse en mi madre, háganlo dirigiéndose a pmanumanzano@inicia.es

Gracias por su atención.

 

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