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Beniarbeig
Mar Cortina
2002



BENIARBEIG

porque me he quedado
aquí
mirando
sin nada

todo empaquetado:
recuerdos, papeles,
muebles, objetos
de una vida isleña

porque me he quedado
con lo puesto
descubro que sólo lo vivido,
lo amado, lo perdido,
lo compartido,
es mi verdadero equipaje

y me reconforta
descubrirlo

y me arropa
saber que

aquí o allí

en cualquier escenario
que el tiempo me regale

con tal de que me siga habitando la eternidad
la misma que te habita

6 de agosto de 2002

II


Vivir no son palabras,
son abrazos, miradas, encuentros,
una canción, un sueño,
el despertar de un niño, sin futuro.
Morir no es dejar la existencia,
es traspasarla, ahondarla,
descubrirla, danzar con ella.
Agotémosla en cada instante,
para salir renovados, fuertes como guerreros,
ganemos todas las batallas
a la mediocridad y al miedo.
Apostemos con nuestras vidas
por la desnudez de nuestras almas.
El resto, puro entretenimiento,
pérdida del valioso y único tiempo
que se nos regaló al nacer.
Morir es recoger el hilo
buscar con tesón y honestidad
la única belleza posible:
la paz del que encuentra.

Mar, 24 octubre 2002

 

III

¿Que quedará cuando me vaya?

La belleza imposible de todo lo que he imaginado
Las posibles vidas que no recorrí
El teatro de marionetas que cada noche ofrezco a mis hijos
Los atardeceres gratuitos, regalados, infinitos
Las conversaciones rotas por el impulso de vida
Ninguna creencia ni pensamiento
La única lágrima que el arce vecino
permitirá al Jardín que me ha visto
transformar lo cotidiano en divino
El perfume del sueño al que me aferré
para darle sentido a este recorrido:
ser humana hasta el olvido

Mar, 26 octubre 2002

 

IV

No he vuelto para mostrarte la infinitud del crepúsculo
ni las canciones que de él brotan, si sabes escuchar
Estoy aquí, para multiplicar a ritmo de tambor
el sonido de una sola palma de la mano
No hay lugar donde regresar
No hay lugar del que irse
Te habito y me habitas
Me encuentro en cualquier gota de lluvia
Y cuando una mirada me secuestra
o un abrazo me cautiva, recuerdo con más intensidad,
-con la misma que el mar permite al viento ser tempestad-
que en cualquier momento,
las lejanas estrellas entran por mi puerta
pidiendo sal o dando los buenos días,
que en mis venas late la aurora
y éste es mi descanso:
saberme viento
saberme nada ni nadie
saberme veloz donde la velocidad no importa.
Y éste, mi aliento:
Saber que cada día, mi verdadero hogar sale a mi encuentro.
No he vuelto.
Siempre estuve aquí, para decirte
que el mundo se re-crea en tu silencio.

Mar, 31 octubre 2002


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